mujer triste

UNA CONFESIÓN

Esta semana comienza en Edulacta, el lugar donde me formé como asesora de lactancia, la cuarta promoción de asesoras. Muchas de las alumnas se han ido presentando, nos han contado sus experiencias y motivaciones para iniciar esta formación, y la historia se repite: todo empezó con su primer parto y su primer intento de ofrecer lactancia materna a su bebé. Debido a la falta de información, a consejos basados en mitos, etc., algunas lactancias fracasaron, otras lograron continuar debido a la perseverancia de las mujeres y a la búsqueda de información real en otras fuentes fiables. Desean que ninguna otra mujer pase por las dificultades que ellas pasaron, así que muchas de ellas han creado grupos de lactancia, tanto presenciales como online, blogs sobre crianza, etc., y quieren completar su formación con este curso.
Esa fue también mi motivación para formarme como asesora de lactancia, y para crear este blog, pero hay algo más: tengo la necesidad de redimirme.
Como ya he contado en alguna ocasión, mi hija mayor es una niña de alta demanda. Cuando ella nació yo no tenía ni idea de que eso existiera ni de lo que implicaba. El pediatra estadounidense William Sears, precursor del método de crianza con apego, y autor de más de 30 libros sobre crianza, fue quien acuñó el término “bebé de alta demanda” para definir el comportamiento especial de alguno niños. Algunas de las principales características con las que los describe son: absorbentes, intensos, hiperactivos, maman con mayor frecuencia, se despiertan a menudo, insatisfechos, impredecibles, hipersensibles y que necesitan mucho contacto físico. La convivencia con ellos es muy difícil, siempre están en estado de alerta, cualquier mínimo ruido los despierta, apenas duermen 20 minutos seguidos y lloran con mucha intensidad. Y así era mi hija. Ya desde el primer momento se dió a conocer, pues cuando nació lloraba con una fuerza y una intensidad indescriptible. Creo que en la planta de maternidad era al único bebé al que se podía oir perfectamente desde cualquier rincón, a pesar de que no dejé de tenerla a mi lado, pues desde el primer momento se negó a quedarse en su cuna. Efectivamente, no duraba más de 20 minutos dormida, se quedaba dormida siempre en brazos y con el pecho, y después, si quería que continuara dormida, no podía dejarla en su cuna, pues tan sólo hacer el intento de levantarme del sillón la despertaba. No podíamos salir en el carrito a pasear, pues lloraba sin parar. Miles de veces tuve que volver a casa con ella en un brazo, y empujando el carrito con la mano libre. Los viajes en coche se hacían interminables, incluso los que eran cortos, pues se pasaba todo el viaje llorando, con ese llanto intenso que te volvía loca. Yo no me atrevía a coger el coche e ir sola con ella, porque no soportaba oirla llorar, o peor aún, que cuando tras un llanto prolongado ¡se callara!¡No podía saber si le había pasado algo, o si se había dormido por agotamiento! La tenía todo el día pegada a la teta, pensaba que eso era imposible, que todo el mundo decía que su apetito se iría regulando, y que iría espaciando más las tomas. Yo no conocía el otro poder de la teta: el poder de consolar, de calmar, de demostrar afecto. Así que muchas veces se la negué pensando que ya había comido demasiado. Hice caso a consejos bienintencionados, pero equivocados: “No puede estar siempre en brazos”, “si tiene que llorar que llore, no puedes estar siempre con ella, tienes otras cosas que hacer”, “dale bibe, igual se queda con hambre”, “tiene que acostumbrarse a ir en el carrito”, etc. Y yo, madre primeriza, que los únicos bebés que conocía eran buenísimos, dormían mil horas del tirón, tomaban cada tres horas, salían a pasear en el carrito tan tranquilos, se quedaban dormidos nada más arrancar el coche…, me sentía una mala madre que no sabía cuidar a su hija. Y en cierto modo, así era. No supe comprender a mi hija, perdí los nervios muy a menudo, no supe llevar la etapa de rabietas de un modo adecuado, hasta muy tarde no comencé a buscar información sobre el por qué de su comportamiento, aunque tenía todas las herramientas a mi alcance. Internet está lleno de webs que hablan sobre lactancia materna, crianza con apego, niños de alta demanda, blogs de padres que hablan sobre sus experiencias personales, asesoras online, etc. Existen libros de grandes profesionales. Desde luego, el libro “Bésame mucho” del gran Carlos González me abrió los ojos a un mundo diferente, y comencé a informarme y a formarme. Además, iba a tener otro bebé, y no quería repetir los mismos errores. Y todos los días me repito que ójala pudiera dar marcha atrás, y volver a dar a luz a mi primera hija con toda la información de que ahora dispongo. Por supuesto, ahora trato de realizar una crianza respetuosa y con apego con mis dos hijas, pero la culpa me sigue atormentando y creo que nunca podré compensar a mi hija. Por eso, este blog, también es una forma de redimirme. Ójala, con toda la información que yo puedo ofrecer a través de esta web, ninguna otra madre tenga que arrepentirse de nada.
Como ya he dicho muchas veces, infórmate, realiza una crianza consciente, y confía en tu lactancia.

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3 Comentarios

  • Pilar de maternidadcontinuum septiembre 29, 2015 08.36 am

    Ay mi niña!
    te entiendo perfectamente!!
    Carlos González siempre dice que el primer hijo es el de las cagadas. Con el primer bebé tenemos que aprender y descubrirnos, por tanto tardamos más en abrir los ojos.
    Yo también he sentido muchas veces culpa por la crianza de mi hija mayor y he pensado lo mismo que tú “ojalá pudiera echar el tiempo atrás con todo lo que se ahora”.
    Un abrazo enorme!!! <3 <3
    Pilar

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    • Noelia Fernández septiembre 29, 2015 09.47 am

      “El de las cagadas”, qué bien definido. Supongo que lo importante es, como tú dices, abrir los ojos y tratar de no repetir errores, comprender y respetar a nuestros hijos. Gracias, Pilar, un beso enorme,

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  • Maria Teresa octubre 12, 2015 09.01 pm

    Hola chicas.
    Yo como todas vosotras sufrí los horribles comentarios que mas que ayudar consiguieron que me convirtiera en una borde contestona; pero he de reconocer que hoy en día mi niño (2 años) sigue tomando teta y gracias a noelia y a alguien mas doy el pecho a mi niño pasando de lo que me digan.

    Ojala ye hubiera conocido antes, porque me hubiera evitado malos ratos y comederos de cabeza.

    Tengo que a mi marido le parece estupendo que le de “tetita”…jejeje.

    Un besazo y gracias por todo noelia.

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Sobre la autora

Me llamo Noelia Fernández Gutiérrez. Soy enfermera, asesora de lactancia y madre de dos niñas ingeniosas, divertidas y maravillosas. Antes de tener a mi primer bebé no podía imaginar cómo el ser madre me iba a cambiar la vida y mi forma de pensar. Las dificultades por las que pasé con la crianza de mi primera hija me motivaron para formarme como asesora de lactancia, pues quería poder ayudar a otras madres inexpertas. Por ese motivo también, nace esta página web. Espero que os resulte útil.