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AGITACIÓN DEL AMAMANTAMIENTO

Hoy me gustaría hablar de un problema al amamantar, desconocido por muchas madres y personal sanitario, pero que genera mucha angustia y sentimientos de culpa a las mamás que lo sufren. Se trata de la Agitación del amamantamiento.

Cuando mi hija mayor tenía unos 17 meses, yo me enteré de que iba a tener un hermanito o hermanita (al final fue una hermanita preciosa…). Aún seguíamos con lactancia materna, pues a pesar de los muchos comentarios negativos, era algo que disfrutábamos y que era muy positivo para ambas. Mi hija es uno de esos niños a los que se conoce como “niños de alta demanda” y muchas veces la teta era su único consuelo tras una rabieta, o una caída, o la necesitaba para quedarse dormida. Pero cuando mi niña llegó a los 20 meses, comencé a tener un sensación muy extraña cuando mamaba, un dolor intenso que comenzaba en la mama, como un calambre, y sentía la necesidad imperiosa de retirar a mi pequeña del pecho. A pesar de esta sensación tan desagradable, traté de continuar con la lactancia, disminuyendo las tomas, dándole el pecho cuando quería dormir, etc., pero lo cierto es que no pude soportarlo. Yo creía que se debía a que mis mamas estaban más sensibles debido al embarazo, así que le dije a mi hija que hasta que naciera el bebé no podría darle más el pecho. Sustituimos esos momentos por juegos, cuentos y cosquillas, aceptó no tener su “teti”, y esperó pacientemente el nacimiento de su hermana, cosa que me sorprendió muchísimo. Cuando nació nuestro nuevo bebé y mi hija mayor tenía 25 meses, volvimos con la lactancia, realizando lo que se llama “lactancia en tándem”, aunque nunca les dí el pecho a la vez, pues ofrecía primero el pecho al bebé y luego a su hermana mayor. No tardé en volver a sentir ese dolor, aunque sólo cuando mamaba mi hija mayor. Esta vez lo achaqué a que mi niña ya era muy grande y succionaba con demasiada fuerza.  Traté de que succionara de forma más suave, o de disminuir el número de tomas hasta dejar únicamente la de antes de dormir, pero el dolor continuaba, era realmente desagradable, y ya no pude seguir. Se lo expliqué a mi hija lo mejor que pude, y volvió a sorprenderme gratamente: a los 28 meses aceptó que su lactancia había terminado. Es impresionante lo respetuosos que son nuestros hijos… Continuamos con nuestros juegos y cuentos, una vez dejaba dormida a la bebé tras darle de mamar, iba a la cama con mi niña mayor para contarle mil cuentos hasta que se quedaba dormida, entre besos y abrazos. Aún así, yo sentía que había privado a mi hija de algo muy importante para ella.

Esa sensación tan desagradable que yo sentía era lo que se llama “agitación del amamantamiento”: es una necesidad imperiosa de que el bebé suelte el pecho, la madre vive cada toma con impaciencia de que termine, y con culpabilidad debido a ese sentimiento de rechazo hacia lo que más ama. Suele ocurrir cuando se da de mamar a niños mayores de un año, cuando se continúa amamantando en un nuevo embarazo, y con la lactancia en tándem, sintiéndolo sólo con el hijo mayor. No se conoce muy bien el motivo, es muy posible que esté relacionado con las hormonas, de hecho es más probable que suceda cuando se está ovulando, cuando vuelve la menstruación tras un embarazo y, como ya he comentado, cuando se amamanta durante un nuevo embarazo. Algunos expertos también piensan que es algo psicológico relacionado con la necesidad de que nuestros hijos crezcan y sean independientes para poder centrarnos en la crianza del nuevo bebé. Sea como sea, las madres apenas hablan de ello, debido al gran sentimiento de culpa y vergüenza que les produce esa necesidad de apartar a su hijo.

¿Qué pueden hacer las mamás?

-Lo primero, buscar alguien con quien poder hablar libremente de ese sentimiento. Buscar una asesora de lactancia o IBCLC (Consultora Acreditada en Lactancia Materna), que comprendan ese rechazo y le ofrezcan su ayuda.

-Identificar las tomas en las que sucede, pues es posible que no ocurra en todas (al parecer es peor durante la noche), para tratar de eliminarlas.

-Tener paciencia y esperar a que esta sensación desaparezca, pues normalmente es algo pasajero.

-Revisar la posición del niño al mamar, pues puede que coja sólo el pezón, y eso produzca el dolor. Debe abrir bien la boca, coger parte de la areola, y pegarse bien a mamá.

-Si nada sirve, es posible que lo mejor sea el destete, la lactancia debe ser agradable para los dos, mamá e hijo. Pero, por supuesto, el destete debe ser gradual y respetuoso.

Pienso que es muy importante difundir de qué se trata la agitación del amamantamiento para que las madres puedan actuar de forma consciente. Yo conocí este problema cuando me estaba formando para ser asesora de lactancia. Muy probablemente, de haber sabido antes de qué se trataba, mi actuación habría sido diferente, y no habría retirado tan pronto la lactancia materna a mi pequeña.

Si tienes dudas, sentimientos “extraños” que te producen rechazo y sentimientos de culpa, no lo ocultes por vergüenza, busca ayuda, habla de ello, y confía en tu lactancia.

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Sobre la autora

Me llamo Noelia Fernández Gutiérrez. Soy enfermera, asesora de lactancia y madre de dos niñas ingeniosas, divertidas y maravillosas. Antes de tener a mi primer bebé no podía imaginar cómo el ser madre me iba a cambiar la vida y mi forma de pensar. Las dificultades por las que pasé con la crianza de mi primera hija me motivaron para formarme como asesora de lactancia, pues quería poder ayudar a otras madres inexpertas. Por ese motivo también, nace esta página web. Espero que os resulte útil.